MierDo Re Mi

Ayer. Hoy. Mañana.
Tres exponentes paradigmáticos del tiempo. La concepción finita del tiempo, aceptada como el Finisterre de nuestros días, desposee de valor al “hoy”.
Éste mismo instante que estas viviendo. Ahora. Espera, ahora. No… ahora. En este instante,  reverbera dentro de ti la felicidad experimentada en momentos anteriores y la que incesablemente no paras de planear para un futuro, que claro está nunca llega como tal, porque siempre es hoy. Siempre-es-hoy.  Así de simple; ni sobre el ayer ni el mañana se puede hacer nada, en el hoy sí. 


Con lo cual, lo que ahora se plantea de forma negativa antes o después es un triple en la papelera. A priori, no nos planteamos si quiera, encarar, superar e incluso transformar todo lo negativo ni aún esté fundado sobre una base positiva; “Me pica el grano, me lo rasco pero ya”  Y tres pelotas importa dejarse la piel en carne viva o alargar la agonía. No vaya a ser que en algún momento vivamos algo parecido a la felicidad,  que bastante esfuerzo implica ya sacar de vez en cuando de la mochila esos recuerdos lacrimógenos con los que nos autojustificamos ante los kame james que repartimos a discreción para que nunca jamás, pero ni de coña, volvamos a pasar por lo mismo.

 “Aquí no estamos para sufrir”
Víctor Rodríguez 
En esta vida,  todos comemos Dog Chow aunque no luzcamos el bozal que a veces nos merecemos.  En esa ida y venida de planes, decisiones y sentimientos, llega nuestro gran y fiel compañero sanguijuela del bienestar; el miedo.
Necesario para la supervivencia, el miedo es un mecanismo de alarma y protección. Pero hay más, oh txitxi bai buana, claro que hay más.
Por concretar diría, así a bote pronto entre nosotros, que es un hijo de puta. Si si, de la más puta que hay de hecho. Tu mente. Miedo neurótico lo llamó Freud. Estudiado por dos corrientes:
Al más puro estilo Pressing Catch, sobre el cuadrilátero, el conductismo. Hijo de (redoble) en efecto mi querido John B. Watson. Entiende la psicología del ser como algo aprendido en el entorno socio-cultural al que pertenece. Según el conductismo somos pasivos. Desde que nacemos vamos cogiendo apuntes y al ataquer que diría aquel. Esto lo apunté  se puede hacer, esto no está apuntado no se hace. El gancho de izquierda del Conductismo: el miedo se aprende.
Pasando de él en canoa, hija de Carl Gustav Jung y bastante más joven, lozana y apetecible; la psicología profunda. Tatuado lleva en las piernas el inconsciente y la libido (conceptos que siempre molan más) dónde enmarca el miedo. Con su baile marea a los de Watson. Apostaría por ella.


El miedo al miedo es la mayor epidemia existente. 
Lejos de curarse, cada día lo pillan más. 
No hay condón emocional que te salve. 




“Affekt und Inhalt”

Aquí llega la hecatombe. El divorcio entre contenido y afecto crea un potente mecanismo de defensa, que te hace sentir miedo cuando la causa ya no existe en tu mente. El miedo se vuelve dolorosísimo incluso ante situaciones felices de las que puedes llegar a deshacerte hasta con KH7.

 Más de uno/a fliparía del gustirrinín en un mundo Gondrydiano 


Pues no, esto no funciona así, pero tranquilité que no hay miedo que no se pueda superar. Sobre todo hay que ser consciente, tener voluntad y confianza en uno mismo y no darse por vencido. Esta es demagogia de la guay. 

Víctor Rodríguez 
Tan difícil como importante es asumir e identificar tus emociones, como aprender a sustituir pensamientos negativos por otros más razonables. A remineralizar y supervitaminar esa inteligencia emocional. 

Por ejemplo, esos momentos de histeria femenina. Clásicos muy pero que muy básicos (y de básicas)
“Le llamo y no me coge el teléfono” 
Hay vida. Creedme cuando os digo que al margen de esa concepción infantil en la que: lo que no veo no existe, el mundo gira. Me atrevería a decir incluso, que no confabula en contra. Llamadme ilusa. 

“Prefiere quedar con sus amigos o hacer X que estar conmigo” 
No es verdad, no pasa de ti. Pero vas a contarle lo perriguarri que es Perica of the palots, y se la trae floja ahora mismo, porque aunque parezca que un hunga-bunga 100 kilos de macho no tiene preocupaciones entristecedoras, oye, las tienen. Y no es tu saco libra-estrés, haz que sea tu cómplice que eso sí que mola. 

Despachado esto, alentados quedáis a seguir justificándoos, como absolutamente todos tan bien sabemos hacer; 


“Yo es que lo he pasado muy mal, y no estoy para esto”

Redundante, mon ami(e). 
Que nos echamos el moco alguna que otra vez pero lo del masoquismo es para los elegidos.


Traducción: No me apetece aguantar esto o en su defecto a ti. 

No te quiero/ me gustas / siento por ti 


O por el contrarío podéis afrontar que estar vivo implica sufrir y de ello aprended pequeños padawanes. Y que os den la oportunidad de aprender. Siendo así, no siempre el camino que causa miedo y sufrimiento en un principio es el erróneo sino que éste a veces, es un simple peaje a pagar para ser feliz o algo así. 
Más claro agua, a nadie se le ocurrió dejar de perpetuar la especie porque la primera vez que echó un cohete, caliqueño, polvo no fuera fetén el tema. 
Ahora que tengo el micrófono aprovecho para mandar un saludo a todos los castrados. Hola. 
Y dedico la más absoluta reverencia toca tobillera y rompe espaldas a todos aquellos que conservéis vuestros huevos y ayudéis activamente en la conservación de los de vuestros compañeros/as. 
Sois lo más grande que ha parido madre. 
Sus quiero.

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Utzi erantzun bat

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