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Espainolez

Ante la duda, comenzaré tal y como aprendimos el sábado que ha de hacerse ‘si no sabéis como empezar, hacedlo así; bat, bi, hiru, lau’.

Y ya está, estábamos en el bote.

Apenas habían comenzado cuando el cantante del grupo y autor de la mayoria de las letras, Guillem Gisbert, nos sorprendió con un discurso atropellado. Haciendo gala de una envidiable capacidad pulmonar y golpes de silabas tónicas contra el micro, explicó: ‘… nos preguntaron ¿Habeís tocado alguna vez en el Antzokia? Y nosotros con cara extrañados ‘¿Antzokia? ¿Eso qué es? Pronto nos dimos cuenta que es aquí dónde hay que venir, así que hemos orientado toda nuestra carrera a tocar en el Antzokia’. Nos mimó, nos hizó la pelota, nos dio todo lo que quisimos y lo vistió con ironía. Nos engatusó de la forma más simple; alabándonos.

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Pero seamos justos, no les hace falta. Tienen un directo impecable al que sus bien construídos trabajos de estudio no acaban de hacer justicia. Y lo saben.

Abrieron con el último trabajo ‘Atletes, baixin de l’ escenari’ y enseguida estábamos chillando ‘Vés bruixot!’. Dieron puntadas para hilar retales de sus tres trabajos dejando entrever un patronaje elegantemente construído y cuidado hasta el detalle. El público disfrutó hasta la extenuación con la exquisita selección de temas a la que nada podía reprochársele. No faltó ninguna.

Nos tocaron la fibra sensible con ‘Mort d’un heroi romàntic’, nos pusieron a chillar ‘Al mar! Al mar!’ y bailamos raro a petición del cuarteto con ‘Teresa Rampbell’.

En Manel todos son protagonistas y ‘cada uno tiene su roll. A mí me tienen miedo.’ nos decía Martí Maymó poco después de bajar del escenario. Así pués rozando la mitad del espectáculo, bastó con un simple ‘Arnau tiene problemas de higiene’ para que bajo un cenital al batería, el escenario quedase despejado. Como si se tratase del efecto contra la grasa del detergente que tenía a los de Villarriba y Villabajo al borde de la obesidad con aquellas comilonas populares sólo para limpiar la vajilla, nos quedamos solos. Y aplaudimos sin parar, no para apoyar su supuesta falta de higiene, si no para agradecer que ellos colaborasen tan activamente en el desastre olfativo que se estaba convirtiendo la nuestra.

Más de una hora después sabíamos que la despedida estaba cerca, pero el buen rollito giratorio que se palpaba, marcaba claramente un retorno sin mayor insistencia. Y así fué; sabíamos que se íban a ir, sabían que íbamos a chillar ‘beste bat’ y lo cierto es que todo fue tal y como se preveía. ‘ Es que nunca sé cómo comportarme en los bises; nos vamos para darle un rollo de misterio… pero no aguanto. Siempre soy el primero que insiste en volver a salir ya’. Nos decía Guillem una vez terminado el bolo.

Volvieron con ‘Aniversari’ nos tocaron la vena sensiblera y respondimos a una “Que demani un desig! Que demani un desig!” y por pedir que no quede; dijeron que quieren volver y que lo harán pronto y nosotros, pues eso, encantados.

(Escrito para bifmradio.com)

Abierto queda el saco de las buenas intenciones
con más adeptos que el muro de las lamentaciones.
Dice: ‘Quiero ser menos egoísta’.
Calla: ‘Que me llamen altruista’.
Su nombre el primero de la lista.
Que lo veas bien; ese de profesión escaparatista
Al ego sin parar de hacer menciones,
excepto el suyo no siente más corazones.
Siguiendo la masa, son reyes de revoluciones
imaginarias, más muertos que sus pasiones.

Dejad de clavarnos vuestros ojos.
Nos maldicen, somos locos
¿Dónde está ahora ese Dios
que salva sólo a unos pocos?
Sabemos solos limpiarnos los mocos.
Hijos de la hipocresía,
practicantes de falsa simpatía.
Sois hedonistas de manual.
Veréis vuestro cerebro escurrir, de forma gradual
Poco a poco convertidos en lo mismo.
Con pelo blanco condenados al ostracismo.
Seréis todos agradecidos; escup.cup.piendo cinismo.
Difícil de controlar, lo Bukowski.ano de ese impulso
que nos libraría de lo insulso.
Mx meo en vuestra paridad
sigamos creando necesidad
más de uno debió ser hijo de la castidad.
No piensx ser parte de esta barbaridad
Escuchx vida que late, cuerpo que espira y dice: inspira-te


(Pare bat urte. Euria ari zuen Basaurin 2010.eko Irailaren 25 hortakoa)

Ayer. Hoy. Mañana.
Tres exponentes paradigmáticos del tiempo. La concepción finita del tiempo, aceptada como el Finisterre de nuestros días, desposee de valor al “hoy”.
Éste mismo instante que estas viviendo. Ahora. Espera, ahora. No… ahora. En este instante,  reverbera dentro de ti la felicidad experimentada en momentos anteriores y la que incesablemente no paras de planear para un futuro, que claro está nunca llega como tal, porque siempre es hoy. Siempre-es-hoy.  Así de simple; ni sobre el ayer ni el mañana se puede hacer nada, en el hoy sí. 


Con lo cual, lo que ahora se plantea de forma negativa antes o después es un triple en la papelera. A priori, no nos planteamos si quiera, encarar, superar e incluso transformar todo lo negativo ni aún esté fundado sobre una base positiva; “Me pica el grano, me lo rasco pero ya”  Y tres pelotas importa dejarse la piel en carne viva o alargar la agonía. No vaya a ser que en algún momento vivamos algo parecido a la felicidad,  que bastante esfuerzo implica ya sacar de vez en cuando de la mochila esos recuerdos lacrimógenos con los que nos autojustificamos ante los kame james que repartimos a discreción para que nunca jamás, pero ni de coña, volvamos a pasar por lo mismo.

 “Aquí no estamos para sufrir”
Víctor Rodríguez 
En esta vida,  todos comemos Dog Chow aunque no luzcamos el bozal que a veces nos merecemos.  En esa ida y venida de planes, decisiones y sentimientos, llega nuestro gran y fiel compañero sanguijuela del bienestar; el miedo.
Necesario para la supervivencia, el miedo es un mecanismo de alarma y protección. Pero hay más, oh txitxi bai buana, claro que hay más.
Por concretar diría, así a bote pronto entre nosotros, que es un hijo de puta. Si si, de la más puta que hay de hecho. Tu mente. Miedo neurótico lo llamó Freud. Estudiado por dos corrientes:
Al más puro estilo Pressing Catch, sobre el cuadrilátero, el conductismo. Hijo de (redoble) en efecto mi querido John B. Watson. Entiende la psicología del ser como algo aprendido en el entorno socio-cultural al que pertenece. Según el conductismo somos pasivos. Desde que nacemos vamos cogiendo apuntes y al ataquer que diría aquel. Esto lo apunté  se puede hacer, esto no está apuntado no se hace. El gancho de izquierda del Conductismo: el miedo se aprende.
Pasando de él en canoa, hija de Carl Gustav Jung y bastante más joven, lozana y apetecible; la psicología profunda. Tatuado lleva en las piernas el inconsciente y la libido (conceptos que siempre molan más) dónde enmarca el miedo. Con su baile marea a los de Watson. Apostaría por ella.


El miedo al miedo es la mayor epidemia existente. 
Lejos de curarse, cada día lo pillan más. 
No hay condón emocional que te salve. 




“Affekt und Inhalt”

Aquí llega la hecatombe. El divorcio entre contenido y afecto crea un potente mecanismo de defensa, que te hace sentir miedo cuando la causa ya no existe en tu mente. El miedo se vuelve dolorosísimo incluso ante situaciones felices de las que puedes llegar a deshacerte hasta con KH7.

 Más de uno/a fliparía del gustirrinín en un mundo Gondrydiano 


Pues no, esto no funciona así, pero tranquilité que no hay miedo que no se pueda superar. Sobre todo hay que ser consciente, tener voluntad y confianza en uno mismo y no darse por vencido. Esta es demagogia de la guay. 

Víctor Rodríguez 
Tan difícil como importante es asumir e identificar tus emociones, como aprender a sustituir pensamientos negativos por otros más razonables. A remineralizar y supervitaminar esa inteligencia emocional. 

Por ejemplo, esos momentos de histeria femenina. Clásicos muy pero que muy básicos (y de básicas)
“Le llamo y no me coge el teléfono” 
Hay vida. Creedme cuando os digo que al margen de esa concepción infantil en la que: lo que no veo no existe, el mundo gira. Me atrevería a decir incluso, que no confabula en contra. Llamadme ilusa. 

“Prefiere quedar con sus amigos o hacer X que estar conmigo” 
No es verdad, no pasa de ti. Pero vas a contarle lo perriguarri que es Perica of the palots, y se la trae floja ahora mismo, porque aunque parezca que un hunga-bunga 100 kilos de macho no tiene preocupaciones entristecedoras, oye, las tienen. Y no es tu saco libra-estrés, haz que sea tu cómplice que eso sí que mola. 

Despachado esto, alentados quedáis a seguir justificándoos, como absolutamente todos tan bien sabemos hacer; 


“Yo es que lo he pasado muy mal, y no estoy para esto”

Redundante, mon ami(e). 
Que nos echamos el moco alguna que otra vez pero lo del masoquismo es para los elegidos.


Traducción: No me apetece aguantar esto o en su defecto a ti. 

No te quiero/ me gustas / siento por ti 


O por el contrarío podéis afrontar que estar vivo implica sufrir y de ello aprended pequeños padawanes. Y que os den la oportunidad de aprender. Siendo así, no siempre el camino que causa miedo y sufrimiento en un principio es el erróneo sino que éste a veces, es un simple peaje a pagar para ser feliz o algo así. 
Más claro agua, a nadie se le ocurrió dejar de perpetuar la especie porque la primera vez que echó un cohete, caliqueño, polvo no fuera fetén el tema. 
Ahora que tengo el micrófono aprovecho para mandar un saludo a todos los castrados. Hola. 
Y dedico la más absoluta reverencia toca tobillera y rompe espaldas a todos aquellos que conservéis vuestros huevos y ayudéis activamente en la conservación de los de vuestros compañeros/as. 
Sois lo más grande que ha parido madre. 
Sus quiero.

Imagino como te retorcerías, si estando sobre ti, me anclase fuerte a tus piernas y recorriese con mis manos lentamente, todo lo que eres. 
– 90º. 0º. 60º.  Adelante escalando por el pecho, hasta tu nuez. 90º.  


Primero rodearía tu nuca con mis cinco dedos. Posaría la palma.
Seguidos los otros cinco. Uno tras otro en un baile de leve presión.



Strange Days  Kathryn Bigelow, 1995)


Todos han venido para apretar, rasgar y retorcer tu cuello como una espiral perfecta.
Extasiado, mientras corto tu riego, tu vida. Te corto el aire. Crack. Crack. 

Me vas a mirar hasta que no puedas cerrar los ojos nunca más.

No tienes límite, no sabes vivir. No te soporto y me da igual. 
Por mí no te cortes, que ya sabes que yo te quiero y te querré hasta que me quede calva en la caja. 
Eres un cabrón. 
Serás, un cabrón entrañable.